Ahí está... si señor. En Badajoz, el 21 de Marzo de 2010, nos cayó lo que faltaba: HIELO PICAO.
"¿Donde mejor que en este inmenso vaso de pinta que forma la cuenca del guadiana?" Habrá pensao el de arriba.
"¿Qué mejor base para un combinado que la tierra ocre de esta ribera y la dulzura de sus mujeres?" No en vano, las "Azúcar Moreno" surgieron de estos páramos.
"¿Cuán inmejorable aderezo de hierbabuena en este manto de árboles y hojas verdes derribados por el pertinaz viento que ha azotado durante todo el invierno esta urbe? ¡E incluso salpicado por el aroma a "yerba güena" de la que crece en tan pintoriscos rincones como la Plaza Alta, Cuestas de Orinaza o Los Colorines!" Barruntaría el bueno de San Pedro el Coctelero.
"¡Que ahorro de muela, mortero y almirez! ¡Este insigne pueblo ya ha sido lo suficientemente maltratado como para estar ya molido! E incluso este año, por si acaso, ya les mandé un conato de terremoto, para que los limoneros fueran perdiendo sus frutos y el destripe general vertiera sus exquisitos ácidos en el mejunje." Diría el arcángel San Gabriel, ayudante de camarero.
"¿De donde sacaremos el Ron?" Preguntaría el que todo... o casi todo... lo sabe.
"De los culitos que dejan en los botellones del Nuevo Vivero. Entre esas mil botellas sacamos para el bebedizo. Pero no se os olvide mandar una buena nevá por navidades, para que esté fresquito. Y luego mantenerlo bajo cero durante dos o tres meses" Contestaría un agelillo de los nuevos, de unos dieciseis años.
"Y, ¿como le echamos el agua con gas?" Diría el Barman Supremo.
"Tú mándales unas buenas tormentas a mala hostia, con toda tu fuerza, que de los pedos del canguelo, la manta de agua que caiga sobre el Rivilla ya irá absorbiendo gas." Respondería el repartidor celestial de Carballo.
"¡¡ Ya te hemos echao el Hielo Picao también, que les acabo de mandar una granizada de las que hacen época !! Así que cuando quieras ya te lo puedes beber." Diría el torpe San Juan Bautista, deseando ver correr líquido.
"Ah, no. Le falta el último detalle. Las dos pajitas." Contestaría Judas.
"No me tientes, Judas. Que la última vez que me pedí un MOJITO con dos "pajitas", era cuando acababa de montar aquí un local María Magdalena... ¡ Y casi pierdo el triangulito de mi cabeza!" Contestaría Él. "Así que este me lo bebo a morro".
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Y EN ESAS ESTAMOS... ESPERANDO QUE EL SEÑOR SE DIGNE PONER SUS LABIOS SOBRE NOSOTROS, AUNQUE SEA PARA BEBERNOS, Y NO PARA BESARNOS...
Con tristeza y asco, si señor. Así tuve que disfrutar de mi desayuno esta mañana, mientras ojeaba la prensa deportiva. Me encuentro leyendo la crónica de un buen partido, y de reojo veo un recuadro con una panda de cafres pegándose enmedio de LA CALLE, porque, sencillamente, habían quedado por internet para tal menester, bajo la excusa de defender unos colores. Si... LA CALLE; lo he escrito así, con mayúsculas queriendo. Porque, para colmo, no se podían haber ido a pelear en un descampado, o en el desierto... se fueron a LA CALLE... MI CALLE... LA "CALLE TAJO"... HELIÓPOLIS... SEVILLA.
No vivo allí, sino a 200 Km de distancia, en Badajoz... Ni nací allí, sino en "Doctor Marañón", en el barrio de La Macarena... Ni crecí allí, sino en Francisco Guerrero, en el barrio de El Porvenir... Pero allí era donde habitualmente mis amigos, amigas y yo quedábamos para... pegarnos... unos buenos birrazos, unos buenos abrazos (con los tios), unos mejores besos (con las tias), unos buenos cantes, unos punteitos de guitarra, unas fumaítas y unos toques de armónica. Claro que nos pegábamos... pero un jartón de reir es lo que nos pegábamos.
Recuerdo que la mayoría de las veces no quedábamos siquiera; no había móviles, y mucho menos internet. Pero salías de casa solo, te ibas para allá, y siempre encontrabas a alguien pa echar unas cervezas, ya fuera en "ELTAJO" o en "LA PRINGÁ". Los demás iban llegando poco a poco y al final nos juntábamos un buen grupo, cantando en la puerta del chalet de una viejecita que nos decía que no le molestaba porque vivía sola y así le servíamos de securatas. Cuando apretaba la sed nos pedíamos un Tajo, que era un frasco de 3 litros, de esos de guardar los melocotones en almibar, lleno de cerveza; y si apretaba el hambre, nos pedíamos una Roja, que era un bocata de sobrasada tostaito, en La Pringá. Y tan contentos.
Sólo espero que la siguiente vez que estos energúmenos queden para partirse la cara, sea en el patio de alguna cárcel, y aver si se dan un par de TAJOS cada uno y así la PRINGAN, que lo sagrao es lo sagrao, y MI CALLE... LO ES.
... Un tema: "Paralized"... un tío con ojo de cristal, pinta y seudónimo infernal... "Luzbel", antiguo compinche del simpar Silvio... y el que escribe, tratando de que aquel imperecedero "Spanglish" que me acompañará a la tumba (me sigo negando a apuntarme al "Opening" ese), consiguiera otorgarme, al menos, un "cinco pelao" a manos de aquellos ocho tímpanos expertos y maestros que escrutaban mis alaridos. Mientras yo seguía maltratando micro y "Epiphone", mi guitarra, la sangre se agolpó en mi sien izquierda e, incluso, a causa de los nervios, mis testículos adoptaron un tamaño como el del resto de mortales... encogieron.
No creo que de aquel primer examen escapara con más de un tres... ¡ la cagué !... simple y llanamente. Pero resulta que mis "profes", aquellos infatigables cuarenta dedos, me otorgaron la gracia de una prueba práctica de repesca: "La Litrona a Morro". No tardé en darme cuenta que aquello no iba de "Solfeo", "Guapalunas", ni pijadas por el estilo... Aquel "control sorpresa" consistía enuna sencilla prueba de camaradería.
Creo que entonces si lo superé, aunque no con demasiada nota, ya que mi "verdiblanquez", al usar el mismo conducto bucal para succionar el oro cruzcampil, pudo poner en serios apuros de tintura aquellos impolutos y blancos trescientosochentamil millones de neuronas palanganas que en aquel momento me evaluaban... Memorable, de verdad, ese primer examen en Los Remedios, Sevilla.
Como fuese... quedé emplazado para la prueba de Selectividad... La reválida... ¿Que me prepararían aquellos cuatro culos inquietos?... ¡Inimaginable!... ¡¡ Examen de Psicología colectiva !!. Llego a El Tardón... Aparco el Seat Ibiza (a la postre unidad móvil) de mi padre... Me introduzco vacilante en aquel rinconcito de descargas eléctricas envuelto en cables y humo... y compruebo, horrorizado, como dos de aquellas ocho manos... precisamente las que el dia antes sostenían con soltura y agilidad un par de baquetas... habían osado posarse sobre el más preciado de mis tesoros (por aquel entonces): !! MI GUITARRA ¡¡... Aún sin salir de mi asombro, me doy cuenta que, las que se deslizaban vertiginosamente ayer por el teclado de un viejo Farfisa, ahora estaban arrancando ritmos de una caja y un charlston; las que correteaban por el mástil de un bajoanteriormente, cabalgaban hoy a lomos de una Stratocaster; y las que vi retorcer sutilmente la prima de una guitarra, acariciaban ahora los marfiles de un piano¡ Ah, no !... ¡ Eso si que no !... Una cosa era intercambiar fluidos bucales a través de un litro de Cruzcampo, y otra muy diferente, tocarme el instrumento... ¡Aquello me estaba empezando a tocar... el instrumento!... Así que, esa única y peluda línea que atraviesa mi frente de lado a lado y que llaman ceja, comenzó a fabricar una perfecta "V", justo en el instante en el que cuatro sonrientes cabezas, al unísono, me invitaron, con un meneo de cuello, de esos que usaba "Zamorano" y "Poli Rincón" para marcar goles, a que trincara un precioso Fender negro de cuatro cuerdas que reposaba impávido ante semejante desconcierto. No me había dado tiempo a preguntarme qué significaba aquello, cuando observé atónito que mis dedos se encontraban pinzando un bordón al ritmo que marcaban los ocho pies que me miraban, desprendiéndose un insufrible soniquete, digno de la "Carta de Ajuste". Me pareció mentira, pero aquel inexplicable desatino me hizo sentirme bien. Ese desenfreno acústico tuvo el efecto del mejor de los calmantes...
Cuando todo cesó, uno de aquellos cuatro pares de labios me dijo: "!Ea!... Ya está... Es que a José Manuel lo han puteado en un examen de Estadística... ¿sabes?"... Ahora todo estaba más claro: había sido una cura... un antiestrés... Pura y dura "Terapia de Grupo".
A raiz de esa, asistí a muchas sesiones más. Menos de las esperadas y deseadas, pero que me ayudaron a construirme un nuevo "Nosotros". Presumo de poseer varios en mi vida: mis padres y hermanos, mi mujer y mis hijos, mi barrio, mi colegio, la facultad, la mili... Pero si escucho o toco música, y me refiero a nuestro "Nosotros", está claro que hablo de esa amalgama de brazos, piernas, ojos, uñas y pelos que formaban un solo cuerpo: GUADALQUISSISSIPPI... el cual se descompuso con el paso del tiempo. Pero... ¿donde fue a parar su alma?...
Allá por el año 2003, cuando se cumplian 10 años de la disolución de Guadalquississippi, nuestro grupo de música, recibí una llamada telefónica de unos amigos que estaban reunidos. Yo vivo en otra ciudad ahora y llevaba mucho tiempo sin saber de Ellos. Pero allí estaban... todos juntos... cabeza, tronco y extremidades de nuestra difunta banda. Y todo parecía seguir como hacía una década, pues allí... con ellos... se seguía mascando cachondeo, amistad y "Blues"... Mucho "Blues"... Mucha "Alma".
Aquel espíritu seguía vivo... a doscientos kilómetros de mi... y yo sin poder abrazarlo y abrazarles... La alegría de saber que aún me recordaban como yo a ellos se tornó en tristeza por sentirme aislado, sin poder estar allí. Me sentía mal... necesitaba de una "Terapia de Grupo". Intentando meterme en el papel de cada uno de ellos, surgió la idea de este video musical, con el que les quiero dar las gracias a:
José Manuel Pedraz (guitarra solista), por convertirme en candidato a Guadalquississippiano, Jorge Casanova (bajo), por estrujar la espalda como nadie,
Gregory Pérez (teclados), por inculcarme el odio a los camiones de basura, y Marcos Molina (batería), por enseñarme a apreciar el argumento de una peli de Zombies.